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BRIVIESCA

Briviesca es la capital de la Comarca de la Bureba, situada en el nordeste de la provincia de Burgos, paso natural desde la meseta castellana hacia la vertiente cantábrica a través del desfiladero de Pancorbo. Sus límites naturales aproximados son los Montes Obarenes por el Norte y el Este, los Páramos por el Oeste y los Montes de Oca por el Sur.
El emplazamiento de Briviesca está relacionado con importantes vías de comunicación. En época romana cruzaban dos calzadas romanas, una en dirección a Pamplona (Pompaelo) y otra en dirección a Zaragoza (Cesar Augusta). Durante la Edad Media, desde el siglo XI, Briviesca se convertirá en lugar de tránsito del Camino de Santiago. En la actualidad las comunicaciones siguen jugando un papel fundamental en el desarrollo de la ciudad. Se encuentra en el Km. 279-280 de la N-1, con acceso a la Autopista A-1 y al transporte ferroviario.
 
Briviesca es una pequeña ciudad, centro comarcal  de servicios. En los años 60 y 70 sufrió la regresión demográfica que afectó a la región. A pesar de ello, ha conseguido mantener un crecimiento de su población lento pero estable. Hoy es receptora de población inmigrante. En la actualidad tiene, aproximadamente, 6441 vecinos.
En 16 de agosto de 1894 la Reina Regente María Cristina, madre de Alfonso XIII, concedió a Briviesca el título de ciudad, en reconocimiento del aumento de su población y su desarrollo agrícola y comercial.
En la Bureba son también núcleos de gran interés turístico el Santuario de Santa Casilda, Poza de la Sal, Oña y Pancorbo.
 

HISTORIA Y ARTE

Recorrer el casco antiguo de Briviesca en busca de su pasado y tradición histórica puede resultarte una visita de lo más agradable. Deseamos, por ello, ofrecerte un breve itinerario que te ponga en contacto directo con toda la riqueza artística e histórica de la ciudad.
El actual emplazamiento de Briviesca, famoso por su estructura urbana ortogonal, no ha sido el único de la ciudad, ya que data probablemente de principios del siglo XIV. Durante la época romana y visigoda se encontraba en colinas cercanas, buscando una mejor defensa.
El traslado de la villa, cuando es comprada por Doña Blanca de Portugal, nieta de Alfonso X el Sabio, constituye un verdadero hito en la historia de la ciudad. Primero, a causa del propio traslado, que permitió un mejor acceso a las vías de comunicación, cuando el intercambio comercial empezaba a primar sobre el defensivo. Y en segundo lugar, el hecho de que fuera fruto de una voluntad deliberada dio como resultado un trazado regular, fácilmente identificable todavía hoy, que la hizo merecer el nombre de la "bien trazada".
Del siglo XIV, exactamente de 1313, concedido también por Doña Blanca de Portugal, data el Fuero de Briviesca, el único extenso si exceptuamos el Fuero Real. Este Fuero sustituye al de 1123, otorgado por Alfonso VII.
La Plaza Mayor, desde donde iniciaremos nuestro recorrido, por tratarse del verdadero centro neurálgico de la ciudad, tiene una forma rectangular, soportalada a dos de sus lados, y flanqueada al otro por la Iglesia de San Martín. Su traza, típicamente castellana, se completa con un templete que data de 1909.

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En la Plaza Mayor conviene detenernos en la Iglesia de San Martín, con fachada plateresca del siglo XVI, recientemente restaurada. En el interior llama la atención su amplia nave central con un retablo del Barroco, concluido en 1705, presidido por la imagen de San Martín, Obispo de Tours.
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En la nave del Evangelio (lado izquierdo), antes de entrar en la sacristía se encuentra la capilla de las Viejas, fundada por Don Pedro Ruiz de Briviesca, cuyo retablo ha sido recientemente restaurado. En esta capilla se encuentra el sepulcro de Don Pedro y el de su esposa Teresa Ruiz. El retablo de estilo hispanoflamenco fue construido entre 1490 y 1515, siendo las pinturas sobre tabla lo más valioso.
Otra de las capillas, la de San Miguel, fue mandada construir por Don Francisco de Salazar y su esposa Doña Casilda de Olmos, hacia el año 1600. Sobre el arco de entrada hay un hermoso escudo.
Saliendo de la Iglesia, continuaremos nuestro recorrido por uno de los ejes primitivos, la Calle Santa María Encimera, donde se encuentra el Ayuntamiento. Fue construido en el siglo XVII por la familia Soto-Guzmán y consta de una torre y un edifico adjunto de dos plantas. Tiene tres escudos de armas. El primero en lo alto de la torre, muy próximo al reloj. Los otros dos en la fachada del edificio protegen una custodia. Tras la desamortización de Mendizabal, después de ser sede de varios arcedinatos, pasó a convertirse en Ayuntamiento.

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Siguiendo por esta misma calle llegamos a la Plaza de Santa María, así llamada por la Iglesia ex-Colegiata que la preside. Este imponente edificio se encontraba en un estado de abandono lamentable, pero recientemente se han emprendido labores de consolidación y restauración, centradas en el tejado y los paramentos exteriores, así como  catas y estudios técnicos en el interior. Su fachada es obra neoclásica de finales del siglo XVIII. Esta Plaza, que ha sufrido diferentes modificaciones, ha sido recuperada completamente como zona peatonal.

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En una de las esquinas se encuentra la Casa de los Salamanca, construida por Don Juan de Salamanca y Salamanca y su mujer Doña Francisca de Salinas. Fue hospedaje de la Reina María Luisa de Saboya, primera esposa de Felipe V. El cubo de piedra es el único vestigio de la edificación original que conserva intacto el escudo de la familia. El edificio que podemos actualmente contemplar es de principios de siglo.
La ex-Colegiata de Santa María tiene elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos. Destacan sus dos galanas torres y la simetría de su fachada. En el interior tres naves, la central con un retablo presidido por la patrona de la villa, Nuestra Señora de la Asunción.
Como hicimos en la Iglesia de San Martín, conviene detenernos en las capillas laterales. La más importante, la de Santa Casilda, que fue mandada construir por Don Juan de Muñatones. Don Juan nació en Briviesca en 1502, estudió en Salamanca, se ordenó agustino y en 1562 asistió a la apertura del Concilio de Trento. Durante su pontificado encargó a Pedro López de Gamiz el retablo de Santa Casilda. A su muerte en 1571, fue enterrado en Segorbe y posteriormente se trasladaron sus restos a esta capilla.
Otra de las capillas, la del Sagrario, es una joya barroca mandada construir por Soto-Guzmán.
Salimos de Santa María y nos dirigimos a la izquierda por un paso estrecho que nos conduce al Paseo de la Taconera, donde termina el casco antiguo, de lo que son buena muestra las tapias de piedra que circundan la ex-Colegiata. Estos muros sólo se convierten en verdaderas murallas cuando llegamos al Conjunto Monumental de Santa Clara.

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El Conjunto Monumental de Santa Clara que te dispones a visitar se compone de Iglesia, Monasterio y Hospital. Es la joya artística de Briviesca, construido por mandato de Doña Mencía de Velasco, durante el siglo XVI.
La Iglesia de Santa Clara tiene planta de cruz latina, de brazos cortos y crucero ortogonal. Su retablo es una verdadera joya del renacimiento español. La profusión de esculturas, sus singularidades decorativas lo hacen una excepción. Se realizó en virtud de testamento en 1517 por Doña Mencía, comenzándose en 1551 y terminándose en 1569. El conjunto es obra de López de Gámiz y colaboró con él Diego de Guillén, que lo comenzó y realizó el basamento, donde se encuentran grabados en piedra los escudos de los Velasco, a la izquierda, y de los Manrique, a la derecha
El retablo es de nogal y mide 24 metros de altura. Otra nota importante a destacar es que inaugura una nueva interpretación de Miguel Angel, al que hay continuas alusiones en las figuras del retablo: el empaque heroico y una concepción monumental del ser humano
La obra se adapta perfectamente al ábside, determinado en tres paños y repartido en cinco pisos. Todo el retablo está dedicado a exaltar a la Virgen. Sobre el zócalo y en el centro está el árbol de Jeté, en el segundo piso la Virgen; en el tercero, la Asunción; en el cuarto, la Virgen es recogida por Cristo y lo corona un calvario de figuras gigantescas
El convento de clausura, aunque no puede visitarse, te diremos que tiene un claustro gótico ojival y el Hospital, en restauración, un claustro renacentista.
Saliendo del Hospital, a la derecha, nos encontramos con la transversal Justo Cantón Salazar, desde la que se ve otra de las entradas a la Plaza Mayor. Siguiendo esa dirección, a la derecha, en la Calle Pedro Ruiz aparecen los restos del Hospital de las Viejas, mandado construir por Don Pedro Ruiz. En la fachada, bajo el escudo, se encuentra una inscripción con el año de la fundación. Este Hospital, llamado de las Viejas, por ser esa condición indispensable para entrar en él, además de pobre y viuda, hay constancia de su funcionamiento hasta finales del siglo XIX, encontrándose hoy en completo abandono.
En el cruce con la calle Santa Ana, donde nos encontramos, conviene seguir por toda la calle arriba contemplando las callejuelas empedradas, las casas bajas y pequeñas, de materiales pobres, que nos recordarán modos de vida de nuestros antepasados. Esta calle nos conduce directamente a la Calle de las Cortes, denominada así por creerse que en uno de sus edificios, el que se encuentra haciendo esquina con la Plaza de Santa Casilda, se celebraron Cortes castellanas en 1387.
Las primeras Cortes se convocaron en León, por el Rey Alfonso IX en el año 1188, intentando conseguir con ello un mayor afianzamiento de la corona frente a los poderes feudales. Juan Y de Castilla demostrará su espíritu abierto al convocar en varios lugares de su reino Cortes, y Briviesca también fue elegido, según algunos cronistas por razón de la peste que asolaba la ciudad de Burgos.
Los asuntos tratados fueron de lo más variado. Sin embargo, lo más significativo fue el acuerdo de otorgar el título de Príncipe de Asturias al heredero a la Corona de Castilla, título que ostentarán después los herederos a la Corona de España. Con motivo de la clausura del VI Centenario se erigió una estatua conmemorativa en el parque de la Florida.
Ahora deberemos dar marcha atrás y volver a Santa Ana hasta su confluencia con la calle Medina, otro de los ejes originarios. Allí se encuentran los edificios más bellos y significativos de la arquitectura civil de la ciudad. El primero, la Casa Palacio de los Torre de similar estructura al edificio del Ayuntamiento. Sobre la balconada tiene un escudo de gran tamaño y fino acabado. Ha sido completamente restaurada y es vivienda particular. Sólo unos metros más adelante se encuentra otro palacio, el de Abad Rosales, también propiedad particular, de estilo barroco. Lo mandó construir Don Pedro Martínez de España y Doña Francisca, Abad de Rosales, en 1718. El edificio esta muy deteriorado, aunque no por ello ha perdido su singular belleza.
Ya de vuelta en la Plaza Mayor termina nuestro recorrido por el casco histórico de la ciudad.

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