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Tres años, ese es el tiempo que llevábamos la quinta del 04 sin tener una excursión fuera de lo que son los límites de nuestra ciudad . Por lo tanto, nunca habíamos tenido una excursión mezclada con la gente que conocimos al llegar al instituto.

El día de la partida a ese lugar perdido por León llamado Villablino tuvimos que madrugar muchísimo, lo cual se vería como algo costoso de hacer si no fuera por el factor de que en el autobús hicimos una auténtica fiesta. Al llegar dejamos las maletas y fuimos a recoger el material necesario para esquiar y nada más terminar partimos hacia la estación de esquí. Fuimos directos a la cafetería a comer cada uno su respectivo bocadillo y hablamos en nombre de todos cuando decimos que estaban buenísimos. Después de comer nos dirigimos a pistas y nos dividieron en cuatro grupos, tres de principiantes y uno que ya tenía experiencia. Los grupos principiantes el primer día no pasamos de la pista verde y de aprender a ponernos los esquís. En cuanto a los expertos, se deslizaron por las azules. Regresamos al albergue por la tarde, nos asignaron las habitaciones, deshicimos el equipaje, nos aseamos y nos fuimos a visitar el pueblo, cada uno por su cuenta. Nuestro grupo en especial, aprovechó para entrar en el Día y comprar todo tipo de comida (desde unas simples galletas hasta unas buenas navajas). Al volver al albergue fuimos a cenar e intentamos ver una película, lo cual como es imaginable, fue imposible. Volvimos a las habitaciones para “dormir”. Éramos tan importantes que nos pusieron un vigilante que se llamaba David y apodábamos cariñosamente como “el Coletas” y nos devolvió el cariño mandándonos hacer sentadillas por hablar.

Segundo día, otro madrugón a las siete y media, estábamos todos reventadísimos. En el autobús de ida hizo su primera aparición el que sería uno de los aparatos para recordar, un micrófono que nos ponía la voz igual que si hubiéramos ingerido helio. Llegamos a la estación otra vez, tuvimos otra de las clases la cual nos sirvió para nuestro tiempo libre después de comer. En él nos tiramos por toda clases de pistas, algunos nos caíamos cada dos por tres, pero eso nos quitó el miedo a las pistas azules y rojas( también sirvió para las risas). Al acabar volvimos al pueblo y fuimos a visitar el Centro del Urugallo. Nos explicaron diversas cosas sobre este animal y las causas por las que está en peligro de extinción, y nos mandaron ver un vídeo y rellenar unas fichas para ver lo que habíamos aprendido (no gran cosa). Ya de nuevo en el albergue, nos duchamos, cenamos y nos prepararon una “discoteca” a la cual no hicimos mucho caso porque tuvieron bastantes problemas técnicos, pero el Dj lo solucionaba(en lo que a las chicas respecta). A la hora de dormir nuestro amigo “ el Coletas”, volvió a hacer de las suyas pero esta vez mandó contar baldosas, lo que sorprendió bastante es que él sabía cuantas baldosas había. En la habitación 113 tuvo que ejercer de sanitario y en ese tiempo nos prometió contarnos por la mañana su “secreto cara seria”.

Llegó el tercer y nada esperado día en el que lo primero que se nos pasó por la mente fue conocer ese secreto ( no os lo perdáis, se trataba de que con su cara seria era capaz de hacer sentir culpable a una persona). En la estación de esquí por la mañana volvimos a tener clases pero esta vez con un poco más de libertad. Y por la tarde todos conscientes de que era nuestro último día, arriesgamos y nos tiramos por todas las pistas posibles. Al finalizar volvimos al autobús, dejamos el material de esquí en la tienda y recogimos nuestras maletas del albergue, no sin antes merendarnos un delicioso bocadillo. El viaje de vuelta de hizo corto y en el gallinero volvimos a montar otra fiesta. Al llegar a Briviesca solo pensábamos en tumbarnos en nuestro sofá cama.

Ya solo queda agradecer a Roberto por su paciencia y la amabilidad de las cocineras.

Todo no fue perfecto, tuvimos un ojo morado accidental y la resistencia de un móvil que prefirió quedarse en el albergue y no tuvo mas brillante idea que arrojarse a un váter.

GRACIAS ANA Y LAURA, FUE UNA EXCURSIÓN PARA RECORDAR.

   ANA DÁVILA Y VANESA CEBALLOS-3ºB